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lunes, 5 de abril de 2010

¿Escocia?


No es Escocia, aunque así es como me lo imagino muchísimas veces. Este paisaje está a poco más de doscientos kilómetros de Madrid, y está en Soria. Como tantas otras veces, vuelvo a Soria y siempre tiene algún regalo para mis ojos y para el espíritu.

Ese será mi regalo si me sale bien lo de las oposiciones: el viaje a Escocia que llevo tantos años queriendo hacer.

lunes, 22 de marzo de 2010

La soledad del opositor

Lo duro de preparar la oposición no es la cantidad de horas que le tienes que dedicar. Al fin y al cabo, si la materia que estudias te gusta, no lo consideras como un sacrificio, sino como una oportunidad de profundizar en ciertos temas, o de aprender más. Si te gusta estudiar, la oportunidad de preparar una oposición de lo que te gusta es un lujo.
Pero, aunque tengas que dedicarle doce horas al día, eso no es lo duro. No. Lo duro es la soledad que se siente. Con la mejor de las intenciones, las personas que te rodean te hacen ver que no quieren molestarte, ni distraerte de los estudios, ni quitarte tiempo, es comprensible, andas muy liada y no puedes quedar de momento. ¡Pero por favor, si estoy deseando que me molestes, que me llames! Es duro sentir ataques de melancolía y de soledad.

lunes, 15 de marzo de 2010

Empatía

Hoy terminé mi jornada de estudio con una sensación de pena. No porque se me haya dado mal, o no haya conseguido memorizar los temas. Ha sido una cuestión de empatía.
Cuando pasas tanto tiempo, tantas horas en el mismo edificio, compartiendo sala, mesa, estudios.... al final se desarrolla un sentimiento de empatía hacia los demás, digamos que se le coge cariño a las personas con las que compartes esa jornada. ¿No te pasa también a tí? Y hoy, una de esas personas con las que comparto la jornada, el estudio, algún que otro descanso... ha tenido una mala tarde. Me da mucha pena ver que alguien lo pasa mal, más aún cuando ese alguien se va convirtiendo poco a poco en una persona más cercana, en un compañero de estudio.
Es curioso, cómo determinadas circunstancias pueden acercar a unos desconocidos que de otra manera tal vez no se habrían acercado. Me recuerda en cierto modo a lo que viví en el camino de Santiago. Hay personas, en especial aquellas que peregrinan solas, que se acercan y se abren, en un par de horas te han resumido su vida, sus sueños y sus esperanzas. En un par de horas, que es el único tiempo que comparten contigo, y probablemente el último, se desarrolla también un sentimiento de empatía muy fuerte. Y digo que esto me parece curioso por la idea de que estás intimando con una persona a la que muy difícilmente volverás a ver. Es como una "inversión a fondo perdido". Pero a la vez, esa es una de las experiencias más bellas del viaje, la manera como te abres a los desconocidos. Sin prejuicios. Sin esperar nada más. Solo por empatía. ¿Acaso no es una de las relaciones más puras que se pueden tener con alguien?

miércoles, 24 de febrero de 2010

Pink Floyd

Una de las cosas buenas de volver a ser estudiante es que el horario es mucho más flexible. Evidentemente, tengo que dedicarle muchas horas al estudio, del orden de diez al día, pero no deja de ser más flexible que cuando estaba trabajando. A pesar del esfuerzo y de las horas, no me siento demasiado cansada. Parece incluso que estoy mejor físicamente que hace un año. Creo que es el poder organizarme a mi manera lo que me hace estar más relajada. Y además, puedo dedicar más tiempo a escuchar música, que hace muchísima compañía durante las largas jornadas de estudio. Esto me está llevando a redescubrir un montón de música que hacía años que no escuchaba. La última reincorporación ha sido la de Pink Floyd, comenzando por Wish you were here y siguiendo con Dark Side of the Moon (obligatorio escucharlo, eh?) y The Division Bell. Qué puedo decir, que es una suerte que pueda estudiar con su música. Lo malo es que el día del examen no puedo! Te recomiendo, si tienes la ocasión, que escuches algún disco de Pink Floyd, desde el principio hasta el final, todo seguido, y si puede ser un par de veces seguidas, mejor. Ya me contarás.

lunes, 15 de febrero de 2010

nieve, libro, nombres...

Lo que hace que un día sea especial no es sólo el número, o el mes. Es ese conjunto de pequeñas cosas, pequeños detalles que se van sucediendo durante las horas del día, que al final hacen que haya sido en conjunto muy especial.
Nieve que empieza a caer, que moja poquito pero no importa, es la primera nieve del día.
Descubrir un mensaje entre los libros, una reflexión, un viaje a una isla lejana, cualquier cosa es posible desde detrás de la fría ventana que contempla la nieve cayendo.
Número impar, capicúa, doble perfección... bienvenido.

martes, 29 de diciembre de 2009

Y tú, ¿cómo eres?

Es curiosa la naturaleza humana... y se supone que somos animales "sociales".
Tengo una cuenta en una red social, de esas en las que puedes buscar a tus amigos y saber de ellos, lo cual está bastante bien porque ha hecho que haya recuperado el contacto con antiguos amigos del colegio y de la facultad. Como es una red muy lista, te sugiere nombres para que los agregues a tus amigos. La mayoría son amigos de amigos, algunos ni los conoces, otros te suenan, otros te los sugieren con la excusa de que estudiaron en la misma universidad que tú (como otros tantos cientos de miles de personas, claro). Hay personas de las sugeridas que te alegras de que estén por ahí y en seguida le das al clic para "solicitar su amistad" (creo sinceramente que lo deberían llamar de otra manera). Sin embargo, hay personas que están ahí, que sabes que las conoces, y sin embargo, no das al clic inmediatamente y los días pasan.
Las razones para esto... quién sabe. La verdad, no lo entiendo del todo. Y a mí me pasa. Tampoco me entiendo muy bien a mí. ¿Por qué alguien no querría conocer a otra persona? ¿Tan sobrados estamos de todo que nos da igual lo que pueda pensar otra persona, lo que nos pueda decir, cómo nos puede sorprender? ¿Es que acaso conocer a las personas, y quiero decir conocer de verdad, no es igual de importante que tratar de entender el mundo en el que vivimos? Toda mi vida he deseado conocer cómo es este planeta, de qué está formado, cómo funciona, qué leyes físicas sigue la naturaleza, cómo son los átomos de los que estamos hechos todos, qué hay dentro de una estrella.... Y resulta que no me doy cuenta de que, igual de importante es conocer a las personas.
Tal vez haya sido una consecuencia de mi condición de bicho raro, al haberme "aislado" en la física y en las matemáticas, que haya dedicado poco tiempo a la "vida social". Sin embargo, lo que yo entiendo por "conocer" a las personas no es lo que suele estar asociado a "vida social", que es lo de salir de marcha, etc, etc. A mí eso no se me da muy bien. Echo de menos poder sentarme tranquilamente con otra persona y hablar, de lo humano y lo divino, de cosas que me interesan y de cosas que le interesan a la otra persona, arreglar el mundo como dicen por ahí, que me hable de lo que le ha impresionado de ese libro que acaba de terminar y de lo que le hace sentir esa canción que acaba de escuchar. Conocer. Conocerme.
Hola, soy Gema. Me gusta leer, aunque en estos momentos solo puedo leer libros de álgebra, cálculo y teoría de números. Me gustan diversos tipos de música. Creo que los discos que más he escuchado en mi vida, probablemente más de mil veces, son los dos Tubular Bells. Actualmente estoy inmersa en la música de The Smiths, que los acabo de descubrir y me pregunto cómo pude estar tanto tiempo sin escucharla. Schubert me parece impresionante. Las puestas de sol y la contemplación de la luna son dos de mis pasatiempos favoritos. La ciencia en general y la física en particular me apasionan.
Y tú, ¿cómo eres?

viernes, 25 de diciembre de 2009

El jamón

Hoy nos hemos juntado la familia en casa de mis padres. Aunque estoy metida de lleno en las funciones, matrices, aplicaciones, etc... y mi rutina cambia muy poco durante las "vacaciones", he de decir que ha sido bastante agradable. Fruto de ello ha surgido una pequeña reflexión que quiero compartir contigo. En realidad no es una reflexión enteramente mía, pero esa semillita que fue a para a mi cabeza hace una semana ha ido creciendo y tomando forma. Y ahora ya la puedo considerar como mía.
Mi hermano ha traído a casa un jamón. No lo hemos abierto, pero conociendo a mis padres creo que no voy a tardar demasiado en catarlo. Mi madre, que para eso es muy madraza y no deja de querer lo mejor para sus hijos, ha hecho el típico comentario de hijo no tenías que haberte molestado, prefiero que te lo quedes tú. Claro, cuando con toda tu ilusión le llevas un regalo a tus padres, ese tipo de respuestas no sientan muy bien. Yo veía el jamón de forma distinta. Y así se lo he explicado a mi madre.
Ese jamón es mucho más que una pata de cerdo curada. Y lo mismo sucede con todos los regalos que se intercambian estas fechas. Incluso con las llamadas de teléfono, los mensajes... Si ese jamón estaba ahí, era porque había alguien que lo había llevado y había alguien para poder recibirlo. Lo bueno es que el jamón esté ahí, porque significa que tanto el portador como el receptor están. Si hubiera faltado uno de ellos, ese jamón no habría tenido ningún sentido y no habría hecho el viaje.
Cuando recibas un regalo, cuando recibas una llamada o un mensaje, piensa en esto: el que te ha hecho el regalo o te ha llamado o te ha mandado un mensaje, todavía está aquí. Y sobre todo, tú estás aquí para recibirlo. Tomando prestada esa idea que aterrizó en esa nube que llevo sobre los hombros, cada Navidad es distinta, no sabemos cuántos de nosotros estaremos en las próximas, así que no perdamos el tiempo con cosas que no sean disfrutar de la compañía de los demás y hacer a los demás disfrutar de la nuestra.
Y si has sido afortunado y te ha tocado un jamón.... ¡disfrútalo!

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Próximo invierno

Me gusta que vaya llegando el invierno. Que al asomarme a la calle por la mañana, cuando aún es de noche, sienta frío en la cara. Pisar las hojas y la tierra húmeda. Es cierto que el invierno en Madrid no es duro, no lo puedo comparar con cómo será en un pueblo de la Sierra. Pero, aún con la bondad del clima, y más siendo este un año ya de por sí cálido, me gusta esta llegada del solsticio. Los días son cortos, pero en el aire algo se prepara. Los árboles se preparan para guardar reposo durante unos meses, el suelo se prepara para recibir la escarcha, y el cielo se prepara para, poco a poco, ir regalándonos más luz. Dentro de pocos días llegaremos a la noche más larga, aquella que nuestros antepasados temían, por la poca vida que podía surgir de la oscuridad, y que a la vez anhelaban que llegara, para empezar un nuevo ciclo de luz, un nuevo ciclo de vida. Siento que me voy apagando, que parece que me falla la energía estos días. Pero la esperanza de la noche más larga, cuando la luz vencerá y volverán a crecer los días, me infunde nuevos ánimos. Es un lento compás de espera. Apenas unos días....

martes, 24 de noviembre de 2009

Niña

Capacidad para jugar, para imaginar, para sorprenderse, completo desconocimiento de lo que significa el qué dirán, inocencia...
¿Por qué alguien querría prescindir de algún elemento de la lista anterior? ¿Por qué, en definitiva, alguien querría olvidar lo que es ser un niño?
Una hermosa reflexión compartida el día anterior me ha llevado a reafirmarme en este hecho tan importante: sigo siendo una niña. Y me gusta. Esto no significa que no tenga responsabilidades, o que no asuma las consecuencias de ser "adulto": tengo que poner la lavadora, pagar los impuestos, ajustar los gastos para poder pagar la hipoteca, llevar a los niños al cole, preparar la cena cada noche... ¿Acaso todo esto está reñido con jugar, con imaginar, con ver la vida como la vería un niño, como la veía antes? "Seguir pensando que hay personas sin maldad".
No queramos crecer tan rápido, que tiempo hay de sobra para los palos de la vida.
Juega. Ríe. Corre. Ríete de tí mismo. Sueña. Imagina. Inventa. VIVE!
Encuentra tu niño.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Y te vengo a buscar

E ti vengo a cercare
con la scusa di doverti parlare
perché mi piace ciò che pensi e che dici
perché in te vedo le mie radici.
(...Y te vengo a buscar
con la excusa de tenerte que hablar
porque me gusta lo que piensas y dices
porque en tí veo mis raíces)
No recordaba la hermosura de esta letra, en parte porque cuando la escuché por primera vez no debía de tener más de doce o trece años, y no presté la suficiente atención a esta maravilla.
Ahora, unos cuantos años después, me reencuentro con esta bella canción. Este párrafo, estas sencillas cuatro líneas, encierran tanto significado, una necesidad de encontrar una persona con la que te sientes a gusto, con la que recuerdes quién eres (...pues necesito tu presencia para entender mejor mi esencia...), de dónde vienes, qué es lo que te ha hecho quien eres ahora.
No creo que se refiera estrictamente a una pareja. Hay otras personas que te pueden hacer sentir lo que transmite esta canción. Un hijo, un amigo de la infancia, un compañero de toda la vida... En general cualquier persona que haga que te encuentres con la esencia de lo que eres, con tu parte más auténtica, la que olvida los qué diran, la que se deja guiar por su corazón y no por las opiniones ajenas, esa que era más espontánea en la niñez, esa que muchas personas olvidan que tenían.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Hace bastante que no actualizo nada de por estos lares. ¿Qué decir al respecto? Bueno, la conciencia tiene mucho que ver en esto. Desde que empezó la academia mis hábitos han cambiado. Me refiero a mis hábitos de estudio sobre todo. Un día, creo que fue la tercera semana de clase, salí de la academia un poco frustrada, porque todo de lo que nos hablaban me sonaba de haberlo estudiado en la carrera, pero todos esos conocimientos se habían esfumado de mi cabeza con el paso del tiempo. Sabía que en su momento, hace más de diez años, había llegado a comprender esos conceptos, e incluso había podido resolver problemas, lo cual para mí era todo un logro. Sobre todo teniendo en cuenta la paupérrima base matemática con la que aterricé en ese aula 3208, en primero de carrera. Tres años después ya había conseguido aprobar todas las asignaturas de matemáticas de primero. No está mal. Nada mal.
Pues bien, tras ese pequeño golpe a mi intelecto, decidí que tenía que recuperar lo que había perdido. Me propuse muy firmemente empezar la semana (dos días después) yéndome a estudiar a la biblioteca de matemáticas, a empaparme de esa ciencia y esa sabiduría que se me habían escapado. Estuvo bien, porque mi concentración y mi entusiasmo comenzaron a aumentar y poco a poco fui despertando esas neuronas que habían desenmarañado años atrás los misterios del álgebra. Mi humor mejoró, y con él aumentó la confianza en mí misma. Ahora ya me salían las cuentas y podía estudiar unas cinco horas seguidas cada mañana. Claro, pagando un precio...
Lo que he dejado de hacer ahora no me preocupa en absoluto. Antes de septiembre me propuse que iba a (y esta ya iba a ser la definitiva) dejar la casa en perfecto orden, absolutamente limpia, vamos, que iba a estar irreconocible. Sí, al principio la casa estaba bastante ordenada, pero los niños no dejan de ser niños y cumplen su papel a la perfección (¿he comentado la historia de los galos, los irreductibles que trataron de conquistarnos desde la habitación de la entrada?). Pues todo ese orden y toda esa limpieza me quitaban momentos de estudio y, claro, pasadas dos horas de tareas domésticas, la conciencia ya no sabía cómo gritarme que me pusiera a estudiar. Se pasa mal, cuando quieres dedicarte a dos cosas simultáneamente cuando esas dos cosas son tareas incompatibles. (puedes hacer la casa mientras escuchas música o mientras ves la tele, pero no mientras tratas de demostrar un teorema).
Así que ahora estoy volviendo a disfrutar las matemáticas y su estudio, pero cuando llego a casa tengo que sortear las pelusas que me vienen a recibir agitando sus ácaros por doquier y tengo que tener cuidado por dónde piso para no estropear esa camiseta que se ha caído pero que en realidad está recién cogida de la cuerda y aún está esperando para que se le planche, o en su defecto, que se meta en el armario, cuidado no pises ese coche ni esa pieza de construcción, etc, etc.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Ahora que me encuentro con un rato de tiempo libre enteramente para mí, no sé qué escribir.
Todavía no es tarde, aunque hay días que a estas horas ya estoy a punto de meterme en la cama. Pero hoy no. Esa mañana mi jornada de estudio ha sido más que satisfactoria (vamos, que he cumplido con mis objetivos para hoy) y me quería dar un premio de ordenador-internet-cascos-música. Sí, que tampoco van a ser todo los axiomas de Peano de los números naturales, digo yo.
Ahora mismo ya he completado mi revisión de correo y del facebook, del que tengo mis ciertas reservas, no lo oculto... Y me he conectado al youtube para escuchar música. La primera canción que he buscado y que he escuchado ha sido la de viva la vida de coldplay, por aquello del rey que podía tener lo que quería y lo pierde, por buscar una motivación más para mi particular carrera de fondo. Después he buscado música gótica y estoy escuchando una canción de una banda que creo que se llama casket y que por supuesto no ponen ni en kiss ni en m80 ni siquiera en onda melodía, y yo no los conocía.No está mal.
He seguido pinchando en los vídeos sugeridos y la verdad es que hay canciones bastante buenas. Estoy encontrando grupos de los que ni había oído hablar (bueno, eso es fácil...). Hay tanta música por escuchar, como tantos sitios que conocer... ay que me entra la prisa y la angustia por el poco tiempo que hay, por lo rápido que se pasa el tiempo...
Bueno, voy a seguir escuchando música, si hace falta se deja de dormir (más todavía?) y se hace todo lo que no da tiempo de otra manera.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La vuelta al cole (o su ingreso)

Ya estamos en septiembre... ya llegó el mes de.... ¡La vuelta al cole! Dicho sea de paso, también es el mes de la vuelta ciclista... hmmm, ¿coincidencia? (léase con la ceja ligeramente arqueada).
Pues yo también preparo la vueta al cole. Bueno, la mía no, porque como me mandaron al paro... je je... pues no me toca. Pero la de mis nenes sí.
Esta tarde hemos tenido la reunión de padres para indicar las indicaciones indicables para la entrada de los niños de infantil. Bien. Para empezar, los niños tienen un periodo de adaptación de una semana, supuestamente para que no se hagan muchos líos, con esto de que son pequeños y tal... pues qué mejor que ponerles cada día un horario distinto, a saber: el primer día van con la tercera parte de su clase a las diez y media, el segundo día van con la mitad de su clase a las once, el tercer día van otra vez con la mitad de la clase a otra hora y ya el cuarto y quinto días van con todos los niños de su clase durante unas pocas horas, y así ya están adaptados. (aquí hago un paréntesis para poner cara de "pues si ellos dicen que así se adaptan, vale")...
Y después viene la lista del material. La susodicha comienza con "alfombrilla de goma espuma para picar". Un momento, para picar qué? ¿para picarse qué? ¿He entendido bien? ¿no se supone que lo de gomaespuma se lo comen? ¿que es para picar con un punzón? eso me gusta menos...
La lista continúa con una serie de lápices, rotuladores, ceras, vamos, lo típico que un niño puede utilizar, pero con marcas especiales y del tipo "turbo maxi" y cosas así. Pues es lo que yo digo, que esto no se lo puedo comprar en el chino de mi barrio porque no lo tiene y porque si nos lo han dado así y por escrito, a ver quién es el guapo o la guapa que no le lleva a su hijo al cole lo que le piden las profes, no vaya a ser que digan mira este que el padre es más chulo que nadie y me trae al niño con rotuladores corvina (en el mejr de los casos) en vez de los super giotto turbo maxi, que molan más....
AY!!! Menos mal que no tienen que llevar uniforme...

domingo, 7 de junio de 2009

No lo puedo negar, la situación me da un poco de vértigo. Abandonar la seguridad de un trabajo fijo para volver a estudiar tiene su aquel. Bueno, en realidad lo de abandonar no es cierto, sino que me han hecho abandonar. ¿Quieres reducir jornada? No problem, baby, te la reducimos toda todita!! Vaale, que en el fondo me viene bien para mis planes de prepararme las oposiciones, pero no deja de ser una faena que te echen del trabajo, sobre todo cuando esa ha sido la única razón, el hecho de dar más prioridad a mi familia que a la institución.

Durante el próximo año vuelvo a mi vida de estudiante, lo cual no está nada mal. Esa espinita que tenía de probarme a mí misma enfrentándome a una oposición me la voy a quitar. Sé que dentro de unos meses pensaré mucho lo de quién me mandaría a mí pedir reducción de jornada, y esas cosas, y que va a ser bastante duro, pero ¡es que no me queda más remedio! Vamos a aprovechar esta "excedencia pagada" para dar unos paseitos al amanecer antes de estudiar, para ir a la piscina a relajarme después de las tropecientas horas de estudio, eh, bueno, y también habrá que empollar un poco, je je... Seguiremos informando

domingo, 19 de abril de 2009

Retomando

Parece mentira cómo pasa el tiempo... No tenía ninguna intención de abandonar el blog, muchas noches me decía a mí misma que tenía que intentar escribir algo, pero todas esas mismas noches ha sido imposible. Desde enero hasta ahora han sido unos meses muy duros físicamente, tuve durante varias semanas, uno o dos días a la semana, un curso que prolongaba mi jornada laboral casi cuatro horas más, con lo cual, al llegar a casa tenía que (después de la cena, dormir a los niños, etc) preparar las cosas del día siguiente, corregir, y finalmente dormir... esto último no ha sido mucho, y me han vuelto los dolores de cabeza rutinarios que ya empecé a sufrir hace más de un año (¿algún voluntario para hacerme una recetita de miolastán? je je). Afortunadamente el curso se acabó y pude relajarme un poquito más, pero aún así continuaba sin encontrar un momento para sentarme a escribir sin la pesada de la conciencia sentada a mi lado y recordándome los tropecientos exámenes que aún no había corregido (hoy también se ha intentado sentar al lado para recordarme los ejercicios que llevan dos semanas esperando para ser corregidos pero le he puesto un esparadrapo en la boca y la he encerrado en el armario).
Desde ese último día que escribí algo, que fue el de la súper nevada de enero, han pasado muchas cosas, y más que van a pasar. Personalmente, voy llegando a un momento en el que se van a producir cambios en mi vida. Y en el que empiezo a pensar si no seré un poco bruja. Aunque no tenga una verruga en la nariz ni un sombrero puntiagudo. Pero pensarlo lo pienso. En realidad me gusta más la palabra "meiga", suena más amable, a pan con mucha miga, y además no rima con piruja que siempre es peor. Pues eso, que empiezo a pensar si no seré un poco meiga, y si realmente puede que sea cierto que desear algo mucho te ayuda a conseguirlo. Todo empezó hace seis años o más...
Érase una vez una niña que estudiaba en un edificio de ladrillo lleno de agujeros y de obras, un poco feo pero muy cerca de un bosque. A veces, la niña paseaba por el bosque de vuelta a su casa y pensaba en lo que le gustaría hacer cuando fuera mayor. Ya había pasado la época de querer ser astronauta, veterinaria, nadadora olímpica, electrónica (eso gracias a unos descubrimientos profesoriles que hizo en el edificio de ladrillo feo), y cuando pasaba al lado de los enormes radiotelescopios soñaba con, algún día, poder al menos entrar en ese maravilloso edificio donde todo estaba lleno de mapas, de datos, de cálculos, de predicciones y de preciosas fotografías con fenómenos atmosféricos. Poco tiempo después, su deseo se hizo realidad, cuando algún amable compañero le sugirió probar el menú de su cafetería. ¡Se podía entrar a comer alli! Eso era, sin duda, un avance. ¡Y ya podría dejar de comer esas ensaladas aliñadas con proteínas procedentes de invertebrados de aspecto un tanto desagradable! ¡Hurra! Poco a poco empezó a pensar que la meteorología sería una buena opción para el futuro, y se empezó a interesar un poco más en ella. Y un día, durante un curso de meteorología en un mes de julio, celebrado en un enorme edificio con un precioso museo dentro, lo supo. Supo que tenía que trabajar en ese sitio. Estaba lleno de ciencia, ésa era la impresión que tuvo nada más entrar. La frase mágica, que puso en marcha todo el mecanismo posterior, fue "no me importaría trabajar aquí". Poco después, la magia había provocado una sucesión de extraordinarias coincidencias, y la niña consiguió trabajo en ese lugar. el tiempo pasó, la niña creció, fue madre, acabó su trabajo y cambió de profesión. Se convirtió en lo que quería ser de pequeñita: se hizo profesora. Bonita profesión, entretenida, llena de retos, divertida, apasionante, pero un pelín explotada, bueno, más que un pelín, una melenaza entera. Con los años, (parece que llevara décadas trabajando de profe, pero no), la niña se dio cuenta de que aunque el trabajo en sí le gustara mucho, no se sentía lo suficientemente reconocida: demasiadas horas y poco a cambio. En uno privado, ya se sabe... ¿Y tratar de estudiarme las oposiciones? Imposible plantearlo a la vez que se trabaja. Para eso, para hacerlo en serio, se necesita dedicación exclusiva. Pero... La niña supo qué tenía que hacer. Formuló de nuevo la frase mágica: "no me importaría poder tener tiempo para estudiarme las oposiciones". La respuesta la tuvo poco tiempo después. Con una sonrisa en la boca, le comunicaron la "buena noticia": a partir de julio tendría todo el tiempo que quisiera para dedicarlo a lo que quisiera. (vamos, que la despiden). La niña no consiguió arrancarle al personaje en cuestión ninguna razón lógica o ilógica para esa decisión, así que se limitó a buscarle el lado positivo y se dio cuenta de que le estaban ofreciendo lo que desde hacía tiempo estaba necesitando: le estaba regalando unas oposiciones pagadas. ¡Hurra! (llegados a este punto, si esto lo lee alguno de mis jefes, algo improbable pero no imposible, negaré que lo haya escrito yo). Y así fue como nuestra niña pasó de estar trabajando un poco explotada a tener la ilusión de poder volver a su época de estudiante.
Ojalá que a esta historia se le pueda poner un final feliz.

viernes, 9 de enero de 2009

Nieve y el nuevo chico del barrio

Segundo día de clase tras las vacaciones de Navidad (como siempre, cortísimas, algo en lo que estamos de acuerdo los alumnos y yo).

Hay cosas que tenían que haber sucedido varios días antes o unas horas antes. Como la gran nevada de hoy. Por misteriosas razones que todavía no he acabado de comprender, hoy he llegado 10 minutos antes de empezar las clases (y no 10 minutos después como ha pasado más de un día...). Por la mañana, al asomarme a la ventana, me había parecido ver hielo sobre los coches, de modo que he pensado que mejor dejamos lo de la moto para otro día mejor. Cuando he ido a coger el coche dispuesta a atacar con mi mejor caja de cd la inmensa capa de hielo que suponía habría sobre el parabrisas, me he dado cuenta de que lo que yo veía blanquecino desde la ventana no era hielo, sino nieve. Vaya, por unos pocos días no podemos cantar lo de blanca Navidad. Bueno, pues al llegar al cole, nada más aparcar el coche, ha empezado a nevar. Y no ha parado. Los que vivís en Madrid lo habréis podido ver. Impresionante. Como es fácil de imaginar, dar clase hoy ha sido bastante complicado, ya que tanto los chicos como yo estábamos más embobados mirando por la ventana que centrados en el tema de las plantas. Se nos ha quedado un paisaje precioso, y cuando he vuelto a casa me he encontrado con...



...un nuevo chico en el barrio. Debía de llevar unas cuantas horas allí, y ya estaba un poco perjudicado. Su nariz de zanahoria se había caído al suelo y sus ojos de castaña de su pequeña cabecita miraban hacia arriba, buscando ese alimento níveo que necesitaba para seguir existiendo. Alzaba los brazos finos como ramitas hacia ese cielo que debía proporcionarle el sustento. Gesto inútil y desesperado. Qué efímera será su vida. Mañana, cuando baje a la calle, sólo quedará un montón de restos blancos mezclados con castañas de ese pequeño hombrecito que, en un día frío y blanco como hoy, quiso venir a vivir a este barrio.

viernes, 26 de diciembre de 2008

La Perla Negra

Lunes, 22 de diciembre.
Jugaba varios números, uno comprado por mí (el del cole, no sea que el día 8 de enero fuera a haber renovación de plantilla y yo no me hubiese enterado), y los demás que si participaciones y que si demás. Bien, otro año más que la suerte de los bombos no me sonríe. Pero no me importa. Yo sí me sonrío a mí misma. No, no es una frase de autoayuda que me repito como un mantra, no es eso. Me sonrío cuando me miro en el espejo y me veo con mi chupa de motera, a punto de montar en mi preciosa scooter, tan negra, tan nuevecita, tan impaciente por recorrer kilómetros juntas... ¡Ah, qué placer! ¡Ah, qué sensación de libertad! ¡Ahhh, qué acojone! Ay, madre, que esto acelera de una forma muuy rara, ay ay, que no me choque con un bolardo mientras maniobre en la acera, qué complicado es esto...
Pasados los primeros instantes, inevitablemente unidos a una sensación de "Dios mío, qué he hecho, esto no es para mí...", me siento mucho más cómoda en la moto (eso que el asiento es de lo más confortable), y ya me encuentro con fuerzas y capaz para afrontar el reto: llegar hasta la Vaguada y aparcar la moto en la acera, junto a las demás motos. ¡Prueba superada! Poco a poco, semáforo tras semáforo, espejo retrovisor tras espejo retrovisor, voy cogiendo más confianza y más soltura, al final acabo el trayecto con un gustillo... mmm... esto me gusta.
Hoy es el único día de esta semana que no he sacado a pasear mi moto. Ayer fui a congelarme los dedos en una excursión vespertina a Manzanares. La ida fue mucho más bonita que la vuelta, porque todavía conservaba algo de sensibilidad en las manos. La vuelta fue un poco tortura en ese sentido. Un cuarto de hora después de llegar a casa aún estaba tiritando junto al radiador. Hoy ya siento los dedos.
Todavía no tengo una imagen digitalizada de mi moto para ponerla aquí, pero todo llegará. Y no podría terminar con una frase mejor, recordando eso que decía Jack Sparrow a bordo de su querido barco: "Now, bring me that horizon"

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Carritos, carros y carretas

Es parte del precio que pagamos por ser la especie que somos, supuestamente la más evoluacionada, pero si somos tan evolucionados ¿cómo es posible que nuestros bebés sean los más torpes de todos los mamíferos? A las dos horas de nacer un potrillo ya es capaz de andar solo, y las crías de los humanos tardan alrededor de un año en empezar. Este "avance" evolutivo resulta nefasto para los metros cuadrados de las casas. Me explico:
Aunque los niños vengan de uno en uno, los carros vienen como los donuts, de dos en dos. Al recién nacido, como no sabe nada de la vida el pobre, hay que sacarlo a pasear para que vaya viendo lo que esto, y claro, hay que sacarlo con el carrito del cuco para que vaya horizontal y así cuidamos su espalda; además, como no podía ser de otra manera cuando tu casa escasea en metros, ese cuco no está homologado para llevar al niño en el coche, y se hace necesaria la maxi cosi de turno para los transportes en coche. Bien, como es complicado hacer que el niño pase de su cuco a la maxi cosi, de la maxi cosi al cuco y así sucesivamente y como si nada, pues lo lógico es agenciarse el carro en el que se acopla la maxi cosi y así, cuando nos vayamos con el coche ya no molestamos al bebé y se coge todo el pack niño-silla y se acopla en el carro. Ya van dos carritos dos de niño. El bebé crece, deja de ser un recién nacido, y ya no cabe en el cuco. No, no, no nos deshacemos del carro del cuco porque nos sirve, con unos cambios sencillísimos, de silla de paseo. Vale, tenemos dos sillas de paseo para un solo niño. ¿Qué hacer? Pues ya que hay dos sillas, hombre, lo lógico es buscar el hermanito, no??? Pimpán, pimpán, y en menos de un año ¡ya hay dos bebés para dos sillas! Ah, qué placer cuando las matemáticas nos dan la razón...
Espera, que ahora pasa lo siguiente: la silla de paseo debe volver a transformarse en carrito para el cuco para poder llevar al nuevo bebé, que como le pasó a su hermano, tampoco sabe andar. Entonces, como el pequeño necesita (debería haberlo puesto entre comillas) el carrito del cuco y el de la maxi cosi, ahora el mayor necesita una nueva silla de paseo... ¡Y tres sillas para dos niños! ¿? NO, no, la respuesta es no, ya no hace falta otro hermanito, no, ya no me importa que no cuadren los números, ahora me importa más mi integridad física y mi salud mental.
Total, que mientras que el bebé pequeño necesita el cuco, te ves con tres carros que cada uno ocupa lo suyo y una de las habitaciones de la casa queda completamente inutilizada... hecho que aprovechan los que yo llamo los "galos" para hacerse fuertes en esa habitación y quedarse a vivir allí (esto ya lo explicaré mejor otro día).
¿Y no sería más sencillo como hacen en otros países donde no usan carritos, que llevan al bebé acoplado a la cadera con un pañuelo? Al menos hasta que sabe andar. Si total, la espalda ya está para el arrastre, tampoco creo que forzarla un poco más vaya a cambiar mucho, no? Claro que no me imagino al padre por la mañana llevando a dos niños a la vez a la guardería, acoplado cada uno a un lado de la cadera, mientras va sorteando las farolas de la estrecha acera y tiene que darse prisa para luego llegar a tiempo a su trabajo... sí, sería una muy curiosa estampa.
En fin, que solo me queda resignarme a que acabe la etapa de que se cansen si andan demasiado para poder eliminar los carritos. Esto sí que es aguantar carros y carretas...

lunes, 3 de noviembre de 2008

¿Y si el silencio lo es todo?

He estado dando vueltas a la frase que puse el otro día, la de los hombres somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras. En un principio, la idea es buena, en el sentido de que si pensamos mejor lo que decimos es probable que hagamos menos daño a los demás. Pero, ¿qué sucede si por pensar demasiado se pasa el momento de decir algo? Me he estado observando, y muchas veces me pasa eso, que por estar en silencio, por estar escuchando, sigo mentalmente la conversación y me imagino cosas que diría en ese momento, comentarios, pero prefiero permanecer en silencio. Es absurdo, verdad? Y ese momento ya no va a volver, y ese comentario que debería haber hecho en ese momento ya quedará fuera de lugar en otro momento, y esa palabra que tal vez la otra persona necesitaba oír quedará sin pronunciar, y ¿no es eso también otra manera de hacer daño? No sé, creo que en el fondo sigo siendo extremadamente tímida, y tal vez quedándome en silencio, guardándome mis pensamientos para mí misma me intente proteger de algo. Ahora lo estoy escribiendo, pero esto es más fácil que hablar directamente con alguien. Y ahora que lo leo, lo sigo viendo absurdo. ¿Será que no valoro lo suficiente mi opinión? ¿Acaso pienso que no tengo nada que decir y que es mejor permanecer en silencio? ¡No! Yo sé que tengo muchísimas cosas que decir (por algo he empezado un blog), el problema es que a veces pienso que esas cosas solo me interesan a mí, y me quedo realmente sorprendida cuando me encuentro con alguna persona a la que también le interesan esas cosas o que piensa o siente de un modo parecido. Es entonces cuando me vuelvo a sentir parte del mundo, cuando las nubes se apartan para que vea un poquito de sol, cuando descubro que las personas que tengo alrededor son muy interesantes y que merece la pena compartir momentos con ellos. Entonces vuelvo a mirar con otros ojos y las mismas cosas ya no me parecen iguales, las mismas personas se transforman, las mismas acciones de cada día se convierten en algo completamente nuevo. Entonces, por un momento, salgo de mi mundo y me doy un paseo por el mundo común que todos compartimos, y me convierto en una persona habladora, con ganas de contar a los demás lo que ha visto desde su mundo, con ganas de aprender cosas y viajar por otros universos, con ganas de reir... pero que, inevitablemente, tarde o temprano, vuelve a su casa, a su mundo, a su silencio del que es dueña.

viernes, 31 de octubre de 2008

La odisea del ordenador

Escribo estas líneas desde mi nuevo y flamante ordenador... bueno, lo de flamante es una posibilidad del futuro, porque como lleva el windows vista de serie, tengo serias y preocupantes tentaciones de prenderle fuego... Debo contenerme, respirar hondo y ser más paciente (pero me cago en los Gates por varias generaciones!!).
Sí, sí, he dicho "nuevo" ordenador. Es el tercero que pasa por esta mesa en unas dos semanas. El nuestro, el querido hachepé pavilion, bueno, una servidora (o igual fue el pequeño, eso, eso, como ahora no se puede defender vamos a echarle la culpa al niño) abrió tal vez un poquito más de la cuenta la tapa y se abrió la carcasa de la pantalla. No problem. Por una vez, cuando el ordenador se vino a vivir con nosotros, hicimos uso de nuestra supuesta y a veces puesta en duda inteligencia y ampliamos el seguro hasta los dos años (más que nada por si al estar escribiendo y tomando café a la vez, que ya son dos acciones simultáneas, se me bloqueara mi disco duro y sucediera un accidente). Con toda la calma del mundo hicimos la excursión de turno con el ordenador, los niños y el juguete de última hora y nos fuimos a pasar la tarde a la vaguada. Con el ordenador echado al hombro, como otro miembro más de la familia, nos acercamos "a una conocida cadena de grandes almacenes con control sobre la llegada de las estaciones y que, entre otras cosas, rige la llegada de la primavera, el otoño y la Navidad, y que tiene un nombre cuyo significado jamás he logrado entender, acerca de unos ingleses que nos hacen un corte de mangas o algo por el estilo". El caso es que al llegar allí nos dicen, muy amablemente, eso sí, que nos tenemos que poner en contacto directamente con los del seguro y que ellos se acercan a casa a por el ordenador. Lo único que tenemos que hacer es embalarlo, poner nuestro nombre y dirección y hacer que no se note que es un ordenador y no decírselo a nadie. ¡Top secret!. Pues con las mismas, nos echamos otra vez el ordenador al hombro y nos volvemos a casa con los típicos comentarios de "si lo llego a saber" y similares.
Días después hablamos con los del seguro y nos dicen que se pasarán a recoger el "paquete" (je, je, ellos no saben lo que es y nosotros sí...). A la tercera vez que nos hacen quedarnos en casa "de cuatro a ocho", que era cuando supuestamente y si se daba la correcta conjunción astral recogerían el ordenata, por fin se lo llevaron. La verdad es que pensé que se me escaparía alguna lagrimilla, adiós, adiós, hachepé, gracias por tus servicios... El hombre que lo recogió no quiso saber nada, le dijimos que tuviera cuidado, que era muy frágil, y el hombre en plan habla chucho que no te escucho. En fin. Y hasta ahora, no hemos vuelto a tener noticias suyas. Igual ha hecho carrera, ha progresado en la vida y ahora es ya toda una estación de cálculo... Igual está hecho pedacitos, sin saber qué le ha pasado, por qué están tan interesados en verle las tripas, total, es todo silicio, para eso que miren la corteza terrestre...
El caso es que como necesitamos el ordenador (sí, sí, que no es un capricho, que es una necesidad tan real como lo es el comer y el dormir), adoptamos el antiguo ordenador de mis suegros (luego ya comprendimos por qué le habían jubilado...). Nos duró en funcionamiento menos de una semana. Empezó a hacer unos ruidos muy muy extraños como si le resbalara el disco duro (uy, esto suena muy mal, pero es como mejor lo puedo describir) y lo devolvimos. Ay, ay, la cosa ya estaba poniéndose fea. Así que decidimos volver a ese lugar de los ingleses y nos trajimos para casa el ordenador desde el que estoy escribiendo (otro pedazo pepino como el anterior, aunque más chiquitín y muy mono de diseño). ¡Qué felicidad! ¡Por fin volvíamos a tener ordenador! Ahí va Gemita que lo saca de su caja, lo pone en la mesa, lo abre, lo enciende, y.... el ordenador no consigue terminar la instalación del windows que, por cierto, nadie le pidió que se instalara el vista, y se mete de lleno él solito en un bucle de " no se pudo completar la instalación de windows, debe reiniciar". A la n+1 vez que lo hizo ya lo apagué y mentalmente le mandé a tomar viento fresco. De vuelta a su caja, a su soledad ordenadoril.
Decidimos que lo mejor sería llevarlo de nuevo a la tienda y que allí nos dijeran qué le había pasado. Encontramos de nuevo al amable señor que nos lo vendió y, al comentarle el problema que habíamos tenido, las pequeñas sospechas que tenía de que tal vez fuéramos un poco torpes se acabaron por confirmar con rotundidad. Como la cosa más natural del mundo, abrió el ordenador, sacó el manual de instrucciones, lo leyó, lo puso en práctica, y yo deseé que me tragara la tierra... Tan simple y tan tontos.... Conclusión: lo que no tiene remedio, no tiene remedio....